Los smart contracts en blockchain ejecutan obligaciones de forma automática. Su relación con el derecho contractual clásico es más compleja de lo que parece.
Un smart contract es un programa informático que ejecuta automáticamente las cláusulas de un acuerdo cuando se cumplen las condiciones predefinidas. Su atractivo es evidente: eliminan la necesidad de intermediarios y reducen el riesgo de incumplimiento.
Sin embargo, su encaje jurídico plantea preguntas no resueltas: ¿qué ley les aplica? ¿Cómo se resuelven los errores de código que producen resultados no queridos? ¿Quién responde cuando la blockchain falla? La respuesta a estas preguntas varía según la jurisdicción y el tipo de contrato.
En Europa, el Reglamento MiCA y la normativa DLT Pilot Regime están creando el primer marco regulatorio coherente. Las empresas que adopten estas tecnologías deben asegurarse de que sus contratos inteligentes tienen un correlato jurídico sólido en derecho contractual clásico.