Una alianza mal estructurada puede destruir más valor del que genera. El acuerdo de colaboración, el pacto de socios y la propiedad intelectual compartida son los pilares críticos.
Las alianzas estratégicas entre empresas —joint ventures, acuerdos de distribución, consorcios— crean valor cuando están bien diseñadas y lo destruyen cuando no. La clave está en anticipar los escenarios de conflicto antes de que ocurran.
Los documentos fundamentales son el acuerdo de confidencialidad inicial, la carta de intenciones no vinculante, el contrato de colaboración y —si se constituye una entidad conjunta— el pacto de socios. Cada uno cumple una función específica y su ausencia o ambigüedad es la principal fuente de litigios.
La propiedad intelectual generada durante la alianza merece una cláusula específica: ¿a quién pertenece el software desarrollado conjuntamente? ¿Quién puede licenciarlo? Responder esto en el contrato inicial ahorra años de litigación.