Las startups priorizan la velocidad sobre el rigor jurídico en la contratación. Estos son los errores más costosos y cómo evitarlos desde el primer empleado.
El error más frecuente es clasificar como autónomo a alguien que debería ser empleado. La Seguridad Social y los juzgados de lo social tienen criterios claros: si existe dependencia, exclusividad y ajenidad, la relación es laboral independientemente de cómo se denomine el contrato.
Otro error habitual es no formalizar por escrito los pactos de confidencialidad y no competencia antes de que el empleado acceda a información sensible. Un pacto firmado tras el inicio de la relación laboral tiene muchas más posibilidades de ser impugnado.
El tercer foco de riesgo es la retribución en especie —stock options, phantom shares— sin una documentación clara sobre su naturaleza, devengo y consecuencias en caso de salida. El diseño correcto de estos paquetes desde el inicio puede ahorrar litigios muy complejos.